Unos científicos del Instituto Max Planck explican el irresistible antojo de postre: ¿por qué no podemos decir que no?

No puedes comer más, te has desabrochado el cinturón, pero llegan los postres y “para eso siempre hay hueco”. Unos científicos han demostrado que ese hueco estaba en el cerebro y no en el estómago.

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Si lo estás viendo y te apetece un trozo aunque ya hayas comido, es tu cerebro

Este fenómeno, conocido popularmente como "estómago de postre", ha sido objeto de estudio reciente por parte de investigadores del Instituto Max Planck de Investigación del Metabolismo. Sus hallazgos revelan que este deseo por lo dulce tiene raíces profundas en nuestro cerebro.

El cerebro y su inclinación por lo dulce

El estudio, publicado en febrero de 2025, demuestra que las mismas neuronas que nos indican que estamos saciados también son responsables de nuestro anhelo por el azúcar. Estas neuronas, denominadas POMC (pro-opiomelanocortina), se activan no solo para señalizar la saciedad, sino también en respuesta a la presencia de azúcar, liberando β-endorfina, un opioide natural que genera una sensación de recompensa.

Este mecanismo explica por qué, incluso después de una comida abundante, podemos sentir la necesidad de consumir un postre. Nuestro cerebro nos engaña y nos dice que siempre hay sitio para algo dulce.

Un mecanismo con raíces evolutivas

Desde una perspectiva evolutiva, este comportamiento tiene sentido. En la naturaleza, el azúcar es un recurso escaso pero altamente energético. Por lo tanto, nuestro cerebro ha desarrollado mecanismos para incentivar su consumo siempre que esté disponible, asegurando así una fuente rápida de energía.

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La necesidad de azúcar es supervivencia evolutiva, pero en otros momentos lo adquiríamos de la fruta y ahora... de las tartas

Este sistema, que en tiempos ancestrales favorecía la supervivencia, puede resultar problemático en la actualidad, donde los alimentos ricos en azúcar son abundantes y de fácil acceso. En otras palabras, lo que antes nos salvaba, hoy nos hace caer en la tentación de un postre tras una comida copiosa.

Implicaciones para la salud y el tratamiento de la obesidad

Comprender este mecanismo neurológico abre nuevas vías para abordar problemas como la obesidad. Los investigadores sugieren que bloquear la señalización de los receptores opioides en el cerebro podría reducir el deseo de consumir azúcar en exceso.

Aunque ya existen medicamentos que inhiben estos receptores, su eficacia en la pérdida de peso ha sido limitada. Sin embargo, una combinación de estos fármacos con supresores del apetito podría potenciar los resultados, ofreciendo una estrategia más efectiva para el control del peso.

La percepción del azúcar: más allá del gusto

Otro hallazgo interesante del estudio es que la mera percepción del azúcar puede activar este circuito neuronal. En experimentos con ratones, se observó que la exposición al azúcar, incluso antes de consumirlo, desencadenaba la liberación de β-endorfina.

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Con oler un postre, todos nuestros mecanismos se activan para hacer "un hueco".

Esto sugiere que nuestros sentidos juegan un papel crucial en la activación de estos mecanismos, lo que podría explicar por qué a veces anhelamos un postre con solo verlo u olerlo.

¿Qué significa esto para nuestras decisiones alimentarias?

Saber que nuestro cerebro está predispuesto a buscar azúcar incluso cuando estamos llenos nos invita a reflexionar sobre nuestras elecciones alimentarias.

Si bien es natural desear un postre, especialmente después de una comida, ser conscientes de este impulso puede ayudarnos a tomar decisiones más informadas. Optar por alternativas más saludables o establecer límites en el consumo de dulces puede ser beneficioso para mantener un equilibrio en nuestra dieta.

¿Excusa o realidad?

El "estómago de postre" no es solo una excusa para indulgencias culinarias; y básicamente es una manifestación de cómo nuestro cerebro ha evolucionado para garantizar la ingesta de energía rápida en forma de azúcar.

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Ya no luchamos por comer, pero eso tiene una cara B: la disponibilidad de ultraprocesados

Ya no comemos como antes (¡y menos mal!). No, no tenemos que luchar para comer, y eso es algo que agradecemos, pero claro, tiene su parte negativa. En el mundo moderno, donde los alimentos azucarados son abundantes, este mecanismo que han encontrado puede contribuir (y sabemos que lo hace) a problemas de salud como la obesidad.

Comprender esta conexión entre el cerebro y nuestros antojos es el primer paso para desarrollar estrategias más efectivas en el manejo de la alimentación y el peso. Así que, la próxima vez que digas "siempre hay sitio para el postre", recuerda que tu cerebro ya lo ha decidido por ti.

Referencia de la noticia:

Marielle Minère et al., Thalamic opioids from POMC satiety neurons switch on sugar appetite. Science 387,750-758(2025). DOI:10.1126/science.adp1510