Los 3 grandes mitos de las latas de conserva desmontados por Gemma del Caño

Quien no haya recurrido a una lata de atún, mejillones en escabeche o tomate triturado en un momento de apuro, que tire la primera sardina en aceite. Pero, como todo, las latas de conserva también tenían su buena ración de mitos. Hasta hoy.

Lata conserva
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Corría el siglo XIX y Napoleón Bonaparte tenía un problema: alimentar a su ejército en campañas largas sin que la comida se echara a perder. En su búsqueda de una solución, ofreció una recompensa a quien inventara un método para conservar los alimentos. Así nació la idea de la conserva hermética, gracias al francés Nicolas Appert, aunque al principio se usaban frascos de vidrio.

Poco después, en 1810, el británico Peter Durand patentó el uso de un envase de hojalata, y voilà, las latas de conserva hicieron su aparición estelar en la historia de la alimentación.

Por supuesto, abrir aquellas primeras latas no era tarea sencilla. Antes de que los abrelatas se inventaran (60 años después), los soldados tenían que apañarse con bayonetas o martillos. Nada práctico, pero eficaz. Hoy en día, afortunadamente, contamos con abrelatas que no ponen en riesgo nuestra integridad física y las latas incluso vienen con anilla o solapín. Un aplauso para la evolución.

¿De qué están hechas las latas hoy en día?

Si piensas en latas antiguas, seguramente imagines aquellas de hojalata que podían dejar un regusto metálico en los alimentos. Pero las cosas han cambiado. Actualmente, las latas de conserva están hechas de acero recubierto o aluminio, materiales que garantizan una mejor conservación sin transferir sabores demasiado extraños a los alimentos.

Uno de los grandes avances en este ámbito ha sido el recubrimiento interior de las latas, que evita que los alimentos entren en contacto directo con el metal. Hasta hace unos años, este recubrimiento contenía Bisfenol A (BPA), un compuesto que ha generado cierta preocupación. Pero calma, que ahora vamos a eso.

Mito 1: "Las latas liberan Bisfenol A y nos envenenan"

Hablemos del BPA, que ha protagonizado más titulares que muchas celebridades. Se trata de un compuesto que se ha utilizado en la fabricación de plásticos y resinas epoxi, incluido el recubrimiento interno de algunas latas. Algunos estudios han sugerido que podría tener efectos sobre el sistema endocrino si se ingiere en grandes cantidades, lo que generó preocupación en su momento.

lata conserva
Las latas ya no son como antes, no se oxidan y no tienen componentes tóxicos, si te preocupa el Bisfenol A, sigue leyendo.

Hay que poner las cosas en contexto. Las cantidades de BPA en las latas son extremadamente bajas y están muy por debajo de los límites de seguridad establecidos por las autoridades sanitarias. Es decir, tendrías que comerte cantidades absurdas de conservas a diario para que tuviera algún efecto.

Aun así, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) ha decidido que mejor prevenir que curar y se ha prohibido desde enero de 2025 el uso de BPA en los envases alimentarios (aunque con algún periodo de transición en algunos alimentos que puede llegar a 2028). Así que, si este era tu miedo, puedes respirar tranquilo.

Mito 2: "Hay que sacar la comida de la lata cuando la metes en la nevera"

Este es un clásico de los consejos de abuela: "¡No dejes la comida en la lata en la nevera que se contamina!". Hace años, cuando las latas podían oxidarse o liberar partículas metálicas al contacto prolongado con los alimentos, tenía sentido sacar la comida y guardarla en otro recipiente. Pero, con los materiales actuales y sus recubrimientos, este problema ha desaparecido.

lata en conserva
No olvides que es fundamental reciclar las latas en el contenedor amarillo de envases.

Eso sí, hay un pequeño detalle: si la lata está abierta y el alimento entra en contacto con el aire, puede alterarse su sabor o secarse. Por eso, lo ideal es cubrir la lata con film transparente o transferir la comida a un recipiente hermético. Pero no, no hay riesgo de intoxicación ni de contaminación mágica si dejas la comida en la lata unas horas en la nevera.

Mito 3: "Las latas de conserva son menos saludables que la comida fresca"

Aquí toca romper una lanza a favor de las latas. Se ha extendido la idea de que los alimentos enlatados pierden nutrientes o que están llenos de conservantes sospechosos. Pero la realidad es que la conserva es un método de preservación que mantiene los nutrientes bastante bien. De hecho, en algunos casos, como el del tomate enlatado, el procesamiento incluso aumenta la biodisponibilidad de ciertos compuestos beneficiosos, como el licopeno.

latas conservas
No hay motivos de seguridad alimentaria para sacar los alimentos de la lata una vez abiertos, pero sí es recomendable por textura, sabor o comodidad.

Además, los alimentos enlatados suelen tener menos aditivos de los que pensamos. La mayoría solo llevan agua o aceite y, en algunos casos, sal o algún antioxidante. Que no pasa nada por usar aditivos cuando hay que usarlos, pero cuando no, pues no. Por ejemplo, en los botes de legumbres en conserva, se utiliza EDTA como “secuestrante” (tiene mal nombre, lo sé) para evitar que la legumbre se oscurezca, pues ya está, no hay problema, justo para eso son los aditivos.

Conserva la tranquilidad

Las latas de conserva han sido, son y seguirán siendo una opción práctica y segura para nuestra alimentación. Los materiales han evolucionado, los mitos han sido desmontados y, con la futura eliminación del BPA, la tranquilidad será aún mayor. Así que la próxima vez que abras una lata de bonito en escabeche, hazlo con confianza y sin miedo a cuentos de terror alimentarios.