El único pueblo de España excomulgado por la Iglesia y oficialmente maldito: una historia tan real como inquietante
Esta es la fascinante historia de una pequeña aldea y su castillo sobre los que recae una maldición que no ha sido revocada por ningún Papa durante siete siglos y que ahora sus habitantes han convertido en un aliciente turístico.

En las faldas del Moncayo, una montaña del sistema Ibérico situada entre las provincias de Zaragoza (Aragón) y Soria (Castilla y León), se encuentra un pequeño pueblo con una historia única y enigmática: la del único municipio español que ha sido excomulgado por la Iglesia y declarado oficialmente maldito.
Su leyenda está aderezada por una amalgama de conflictos religiosos, intereses económicos y relatos sobre encantamientos y brujería que han perdurado hasta nuestros tiempos.
Un pueblo enfrentado con la Iglesia católica
Para entender cómo Trasmoz, en Zaragoza, llegó a esta situación, tenemos que remontarnos a la Edad Media. En el siglo XIII, el pueblo se encontraba en una posición estratégica, muy cerca del Monasterio de Veruela, la abadía cisterciense más poderosa de la época en Aragón.
Mientras muchas localidades cercanas habían acabado bajo el dominio eclesiástico, Trasmoz se mantenía independiente y no pagaba tributos a la Iglesia católica, lo que los monjes de Veruela consideraban una anomalía.
Trasmoz: en 1511, Pedro Manuel Ximénez de Urrea, se enfrentó al abad del Monasterio y este maldijo al pueblo y recitaron el salmo 108 de la Biblia una maldición de Dios contra sus enemigos -. Cada frase iba acompañada de una campanada.
— Raúl (@Radwulf_SZ) November 1, 2020
Trasmoz sigue maldita y excomulgada. pic.twitter.com/p4bVgpe8IS
Con el paso del tiempo, las disputas entre los vecinos de Trasmoz y el monasterio se intensificaron. Hasta que, en 1252, el abad de Veruela solicitó al arzobispo de Tarazona que excomulgara al pueblo, o lo que es lo mismo, lo expulsara del Reino de los Cielos por toda la eternidad.
Esta decisión provocó el aislamiento espiritual de Trasmoz de la Iglesia católica, lo que significaba que sus habitantes no podían recibir los santos sacramentos ni ser enterrados en suelo sagrado.
La noche en la que se certificó la maldición
A pesar de la gravedad del castigo, los trasmoceros continuaron con su vida sin más, convirtieron su pueblo en autosuficiente, e incluso se cuenta que acuñaron su propia moneda y desarrollaron una notable artesanía relacionada con la fabricación de armas gracias a sus habilidosos herreros.
Esto siguió incomodando al Monasterio de Veruela, que no podía ejercer control sobre la comunidad. Así que, de nuevo, un abad de Veruela decidió lanzar una maldición sobre el pueblo.

Lo hizo después de que Pedro Manuel Ximénez de Urrea, señor de Trasmoz, se quejara airadamente de la decisión del abad de desviar un curso natural de agua para evitar que el agua llegara a las familias trasmoceras.
Sucedió en el año 1511, en un acto poco común dentro de la Iglesia. Las crónicas de la época cuentan que, en plena noche, los monjes cubrieron el crucifijo del altar de su iglesia con un velo negro, mientras el abad recitaba el salmo 108 de la Biblia, en el que Dios maldice a sus enemigos.
Una invocación de desgracia y sufrimiento que se realizó con toda la pompa de una ceremonia maldita, acompañada de cánticos y contundentes toques de campana. Desde entonces, la excomunión y la maldición sobre Trasmoz jamás han sido revocadas. La única persona con capacidad para hacerlo es el Papa de Roma.
Bécquer y las oscuras leyendas de brujería
La excomunión y posterior maldición sobre Trasmoz hicieron que el pueblo empezara a ser asociado con la brujería. Durante los siglos siguientes, se extendió la creencia de que en ese lugar las hechiceras practicaban rituales, pócimas y encantamientos.

Según las leyendas que fueron transmitidas durante generaciones, el castillo de Trasmoz era el punto de reunión de brujas para invocar tormentas y realizar aquelarres.
Las mujeres del pueblo eran señaladas como curanderas, matronas y herbolarias con conocimientos avanzados en medicina natural, lo que en aquella época estaba asociado a la magia negra.
Trasmoz es el único pueblo excomulgado de España. Bécquer viajó hasta allí para curar su tuberculosis, y quedó seducido por sus leyendas de brujería y aquelarres. Más tarde contribuiría a difundir estas historias, en especial la de la Tía Casca.
— Imprescindibles TVE (@Impres_TVE) January 24, 2021
Esta noche, en #Imprescindibles. pic.twitter.com/BlI0DSjGBX
Entre esos relatos destaca "La Tía Casca", escrito por Gustavo Adolfo Bécquer, quien se alojó en el Monasterio de Veruela atraído por la atmósfera única y enigmática del pueblo -y para curar la tuberculosis que padecía-, y donde se inspiró para escribir algunas de sus obras más emblemáticas.
Las historias de Bécquer han reforzado la idea de que en Trasmoz siempre existió una relación especial con lo místico y lo prohibido.
Trasmoz en el siglo XXI
Trasmoz es hoy un pequeño pueblo de menos de cien habitantes que han sabido utilizar el ingenio para convertir su oscura historia en un atractivo turístico.
Cada año, en el mes de julio, se celebra la Feria de la Brujería, donde se realizan representaciones de aquelarres, conferencias sobre magia y un mercado esotérico.
El castillo en ruinas, del siglo XII, sigue siendo el símbolo de su pasado oscuro y turbulento, hasta el punto que muchos visitantes afirman sentir una energía especial después de traspasar sus muros.
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— Miguel Calabria (@MiguelCalabria3) October 20, 2022
En 1511 el papa Julio II:"Oh, Dios de mi alabanza, no calles. Bocas de impíos y traidores están abiertas contra mí"
G.A. Bécquer, de la bruja:"me bastó distinguir sus greñas blancuzcas que se enredaban alrededor de su frente" pic.twitter.com/wIrr7xDdDX
En el pueblo también existe un Museo de la Brujería, donde se recopilan documentos y objetos relacionados con la historia mágica y sobrenatural del pueblo.